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Antecedentes de la comunicación
por Mireya Binda de López
El origen del lenguaje hablado aún es incierto y para determinarlo el hombre se ha basado en la suposición. Los primeros seres humanos eran nómadas por naturaleza, luego se hicieron sedentarios
e imperó la necesidad de asociarse en tribus para lo cual tuvieron que usar, como otros animales que viven en grupos, de sonidos
o grupo de sonidos para cada determinado objeto. Así le dieron nombre a las cosas
y también para describir sus actividades. Para transmitir estos conocimientos
a sus descendientes lo hacían mediante danzas y rituales. “El lenguaje
y las tradiciones del grupo ayudaban a mantener unidos a sus miembros.”
La comunicación verbal se refiere a las palabras que utilizamos y a las inflexiones de nuestra
voz (tono de voz).
Pese a la importancia que le solemos atribuir a la comunicación verbal, entre un 65 % y un 80 %
del total de nuestra comunicación con los demás la realizamos a través de canales no verbales. Para comunicarse eficazmente, los mensajes verbales y no verbales deben coincidir entre sí. Muchas dificultades en la comunicación se producen cuando nuestras palabras se contradicen con nuestra conducta
no verbal.
La comunicación verbal puede realizarse de dos formas: oral: a través de signos orales y palabras
habladas o escrita: por medio de la representación gráfica de signos.
Hay múltiples formas de comunicación oral. Los gritos,
silbidos, llantos y risas pueden expresar diferentes situaciones anímicas y son una de las formas más primarias de la comunicación.
La forma más evolucionada de comunicación oral es el lenguaje articulado, los
sonidos estructurados que dan lugar a las sílabas, palabras y oraciones con las que nos comunicamos con los demás.
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Desde la perspectiva de Jakobson, seis son los factores constitutivos de todo acto de comunicación
verbal, a saber: 1) destinador;
2) destinatario;
3) mensaje; 4) contexto; 5) código; 6) contacto. En efecto, el destinador envía un mensaje al destinatario; para ser efectivo, el mensaje requiere, primeramente, un contexto
al cual remite (también llamado, aunque en terminología ambigua, referente), se trata de un contexto que el destinatario pueda
captar y que es verbal o susceptible de ser verbalizado; luego, el mensaje requiere un código, común en su totalidad o al
menos parcialmente al destinador y al destinatario (o, en otros términos, al codificador y decodificador del mensaje); finalmente,
el mensaje requiere un contacto, un canal físico y una conexión psicológica entre el destinador y el destinatario, el cual
les permite establecer y mantener la comunicación.
Las formas de comunicación escrita también son muy variadas y numerosas (ideogramas, jeroglíficos,
alfabetos, siglas, graffiti, logotipos...). Desde la escritura primitiva ideográfica
y jeroglífica, tan difíciles de entender por nosotros; hasta la fonética silábica y alfabética, más conocida, hay una evolución
importante.
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